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4 de enero de 2011

El helecho y el bambú.


Un día decidí darme por vencido…

renuncié a mi trabajo, a mi relación, a mi vida.
Fui al bosque para tener una última charla con Dios.
 "Dios", le dije. "¿Podrías darme una buena razón
para no darme por vencido?"

Su respuesta me sorprendió…"
-Mira a tu alrededor", Él dijo.

"Ves el helecho y el bambú?"
"Sí", respondí.
"Cuando sembré las semillas del helecho y el bambú,
las cuidé muy bien. Les di luz. Les di agua.

El helecho rápidamente creció.
Su verde brillante cubría el suelo.
Pero nada salió de la semilla de bambú.
Sin embargo no renuncié al bambú.
En el segundo año el helecho creció
más brillante y  abundante
 y nuevamente, nada creció de la semilla de bambú.
-Pero no renuncié al bambú." Dijo Él.
"En el tercer año, aun nada brotó de la semilla de bambú.
Pero no renuncié" me dijo.

"En el cuarto año, nuevamente,
nada salió de la semilla de bambú.
"No renuncié" dijo.

"Luego en el quinto año
un pequeño brote salió de la tierra.
En comparación con el helecho
era aparentemente muy pequeño
e insignificante.

Pero sólo 6 meses después

el bambú creció a más de 100 pies de altura (20mts).
Se la había pasado cinco años echando raíces.
Aquellas raíces lo hicieron fuerte y le dieron
lo que necesitaba para sobrevivir.

"No le daría a ninguna de mis creaciones
un reto que no pudiera sobrellevar".

 Él me dijo.
"¿Sabías que todo este tiempo que has estado luchando,
realmente has estado echando raíces?"
 "No renunciaría al bambú. Nunca renunciaría a ti.
 "No te compares con otros" me dijo.

"El bambú tenía un propósito diferente al del helecho,
sin embargo, ambos eran necesarios
y hacían del bosque un lugar hermoso".

 "Tu tiempo vendrá" Dios me dijo. "¡Crecerás muy alto!"

 "¿Qué tan alto debo crecer?" pregunté.
 "¿Qué tan alto crecerá el bambú?" me preguntó en respuesta .
"¿Tan alto como pueda?" Indagué.

Nunca te arrepientas de un día en tu vida.
Los buenos días te dan felicidad.
Los malos días te dan experiencia

Ambos son esenciales  para la vida.


2 de enero de 2011

El hombre en la roca.

Recuerdo una historia de un hombre que estaba sentado en una roca y teniendo sed miró hacia un valle lejano que estaba lleno de pozos y salió rápido hacia allá para encontrar agua con qué apagar la sed.


Cuando llegó al valle, después de mucho andar, comprobó que cada pozo tenía una profundidad diferente y que mientras más se alejaba, mas profundos resultaban ser los pozos.

Como no tenía nada con que sacar esas aguas, miraba ansioso hacia lo profundo del pozo pensando en lo deliciosas que debían ser esas aguas profundas si las pudiera tomar.

Y así estuvo recorriendo pozo tras pozo pensando que las aguas que allí había podrían calmar su sed, sin lograr más que nuevos deseos de tomar las aguas de aquellos pozos.

Después de mucho andar sin lograr mitigar su sed, que cada vez era más aguda, se encontró con un campesino que, sentado bajo una palmera, tomaba con deleite sorbos de agua de un cántaro que tenía.

Corriendo hacia el hombre cayó ante sus pies y le pidió agua que calmase su sed.

El campesino le dijo: No te arrodilles, levántate y toma, yo estaría igual que tú antes de pasar por el mismo camino. Si no tuviera aguas para el viaje desfallecría y moriría de sed ¡Ah! yo no vengo a este lugar si no traigo agua suficiente para no padecer al no poder extraer aguas de tantos pozos que hay aquí, cuál de ellos más profundo, y cuál de ellos más empinado. Toma un poco, bebe y ve a buscar agua para ti para que no padezcas más sed.

¿Pero dónde...? preguntó angustiado el hombre.

En la roca que hay allá arriba, contestó el otro. 

Pero, yo estuve sentado sobre ella y no vi ninguna agua...

El otro lo miró y sonriendo le preguntó: ¿Miraste debajo de ella? 

No, contestó el hombre extrañado...

Debajo de la roca hay un manantial de aguas inacabables, Ve, regresa y sáciate... A todos los que se sientan en la roca les pasa igual, es tan fácil y simple tomar esas aguas que corren silentes y seguras que no creen que con ellas nunca más tendrán sed.