En muchos sentidos, principalmente en el energético y de éste al espiritual, nuestras manos son como antenas. Con ellas establecemos una comunicación de doble sentido con todo lo que nos rodea: captamos y emitimos algunas de las múltiples formas en que la energía se mueve en el cosmos.
Los mudras son el reconocimiento de la naturaleza sagrada y por ende de los poderes del cuerpo. La práctica de los mudras actualiza ese potencial de creación, de curación, trascendencia y bienaventuranza que aquella naturaleza innata nos proporciona.En las culturas del lejano Oriente como la India y Japón de manera señalada, se desarrolló toda una tradición de práctica de mudras, profunda y vigorosa como lo muestra el notable resurgimiento que hoy registra. Las manos son los miembros más versátiles y expresivos del cuerpo.
Mediante ellas el hombre se relaciona con el mundo haciendo gestos simbólicos de valor social y religioso. Las manos son un instrumento muy útil no sólo para desenvolverse en el mundo material sino también para conocer el mundo del Espíritu: en la plegaria el hombre con sus manos expresa su devoción. Budistas, hindúes y católicos juntan las manos con los dedos apuntando hacia arriba; este unir de palmas, delicado y suave, sirve de marco físico para saludar al iluminado, para cantar Om, paz, paz, paz o para dirigirnos desde la intimidad a nuestro Padre.