Podía notarlo. También más callada.
La vuelta a la normalidad se realizaba lentamente, pero a todos nos costaba. Y mucho.
En poco tiempo habíamos pasado de los terribles incendios que cercaron los pueblos de alrededor durante días, al terremoto que los hizo temblar de lleno, seguido por las temidas réplicas que se produjeron en medio de las anunciadas tormentas, acompañadas por vientos huracanados.
Visión apocalíptica para los más religiosos, natural aunque extraordinaria para el resto.
Era el primer día de clase tras las forzadas vacaciones.