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11 de febrero de 2011

La liebre y el tigre.

Que gran decepción tenía el joven de esta historia, su amargura absoluta era por la forma tan inhumana en que se comportaban todas las personas, al parecer, ya a nadie le importaba nadie.

Un día dando un paseo por el monte, vio sorprendido que una pequeña liebre le llevaba comida a un enorme tigre malherido, el cual no podía valerse por sí mismo.

Le impresionó tanto al ver este hecho, que regresó al siguiente día para ver si el comportamiento de la liebre era casual o habitual. Con enorme sorpresa pudo comprobar que la escena se repetía: la liebre dejaba un buen trozo de carne cerca del tigre.

Pasaron los días y la escena se repitió de un modo idéntico, hasta que el tigre recuperó las fuerzas y pudo buscar la comida por su propia cuenta.
Admirado por la solidaridad y cooperación entre los animales, se dijo:
"No todo está perdido. Si los animales, que son inferiores a nosotros, son capaces de ayudarse de este modo, mucho más lo haremos las personas".

Y decidió hacer la experiencia: Se tiró al suelo, simulando que estaba herido, y se puso a esperar que pasara alguien y le ayudara.

Pasaron las horas, llegó la noche y nadie se acercó en su ayuda. Estuvo así durante todo el otro día, y ya se iba a levantar, mucho más decepcionado que cuando comenzamos a leer esta historia, con la convicción de que la humanidad no tenía el menor remedio, sintió dentro de sí todo el desespero del hambriento, la soledad del enfermo, la tristeza del abandono, su corazón estaba devastado, y casi no sentía deseo de levantarse.

Entonces allí, en ese instante, lo oyó...
¡Con qué claridad, qué hermoso!, una hermosa voz, muy dentro de él le dijo:

Si quieres encontrar a tus semejantes, si quieres sentir que todo ha valido la pena, si quieres seguir creyendo en la humanidad, para encontrar a tus semejantes como hermanos, deja de hacer de tigre y simplemente se la liebre".

30 de noviembre de 2010

Fin del mundo.

Una vez la liebre dormía debajo de un mango. De repente oyó un fuerte ruido y creyó que se acababa el mundo y desaforada echó a correr, corría y corría tan rápido que los animales a su paso preocupados le preguntaron ¿por qué corres tan rápido? 



La libere gritó: ¡por que viene el fin del mundo!. Los gamos asustados la siguieron y así poco a poco una especie tras otra las seguía hasta que toda la selva corría desaforada en tal estampida que habría terminado en la destrucción de todos. 

Cuando Buda, que entonces vivía como sabio, en una de las muchas formas de su existencia, preguntó al último grupo por qué se había unido a la estampida y ellos dijeron: porque se acerca el fin del mundo. Buda respondió: esto no puede ser ¿quién les dijo eso?, vamos a averiguar qué es lo que les hizo pensar así.