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7 de septiembre de 2011

Perseverancia.


Dos ranitas cayeron en un tambor que contenía leche hasta la mitad. Aunque eran buenas nadadoras, empezaron a cansarse, pero, cuando intentaron salir, descubrieron que estaban demasiado lejos del borde como para alcanzarlo de un salto. Una de las ranas se desesperó. No puedo más-jadeaba-, no saldremos vivas de aquí. -Resiste, resiste-respondía la otra-. Ya encontraremos una solución. No debes abandonar. Sigue nadando, manténte a flote. Un rato más tarde, la ranita quejumbrosa renunció a continuar esforzándose, y se ahogó.   Su valiente compañera siguió nadando, con la energía que da la confianza. Y tanto nadó, que la leche comenzó a cuajarse por el batido de sus patas hasta que se convirtió en sólida manteca. En ella hizo pie para dar un salto que la sacó triunfal, de la trampa.

Del Libro "Pequeñas Historias para Grandes momentos de Walter Salama".

15 de diciembre de 2010

Dos ranas.

Este cuento se explica a los niños de la India para enseñarles el poder de las buenas palabras en la amistad.


La historia explica que un grupo de ranas caminaban por el bosque cuando dos ranas cayeron en un pozo muy profundo. Inmediatamente todas las demás ranas pensaron que no podrían salir de allí y no paraban de gritar:

- ¡No podéis salir! ¡No saltéis! Vais a morir...

Las dos ranitas atrapadas no hicieron caso de sus palabras y saltaron con todas sus fuerzas. Sin embargo, una de ellas pronto se desanimó por los gritos de sus compañeros. Dejó de saltar y murió. La otra rana continuó saltando sin parar, a pesar de los gritos de las otras ranas:

- ¡No podéis salir! ¡No saltéis! Vais a morir...

Gracias a que continuó saltando consiguió salir de ese pozo tan hondo y se salvó. Cuando salió del pozo, las otras ranas no se lo podían creer:

-¡Te has salvado! Es un milagro! ¿Pero no oías nuestros gritos de desánimo?

La ranita se consiguió salvar porque era sorda, y se pensaba que los gritos eran de ánimos. La otra ranita, en cambio, oía los gritos y se desanimó tan rápido que murió.

Esta historia nos explica el poder de las palabras bondadosas. Una palabra bonita cuando un amigo está triste le puede ayudar mucho, y una palabra de desánimo le puede hacer sentirse aún peor.