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21 de octubre de 2012

La raíz de la personalidad.


Ahora mismo tu estás leyendo éste texto, y cada palabra que lees, puedes escucharla en tu mente, y puedes escucharlas porque cada una de estas palabras está asociadas a un sonido que has aprendido anteriormente, y al leer éstas palabras, estás invocando a ese sonido que se reproduce en tu mente.
Una cantidad de letras que se unifican en palabras, palabras que dibujan conceptos, y de estos emergen ideas que se fortalecen entre ellas formando creencias, creencias que reúnen la fuerza necesaria para iniciar comportamientos que se acentúan cada vez más profundamente generando hábitos de conducta que moldean el carácter de una persona, manifestando finalmente, su personalidad.
La personalidad de una persona puede ser implantada fácilmente por una cantidad de letras cuidadosa y estratégicamente ordenadas...

28 de febrero de 2011

El saco de carbón.

Un día, Jaimito entró a su casa dando patadas en el suelo y gritando muy molesto.
Su padre,  lo llamó. Jaimito, lo siguió, diciendo en forma irritada: 
- Papá, ¡Te juro que tengo mucha rabia! Pedrito no debió hacer lo que hizo conmigo. 
Por eso, le deseo todo el mal del mundo, ¡Tengo ganas de matarlo! 
Su padre, un hombre simple, pero lleno de sabiduría, escuchaba con calma al hijo quien continuaba diciendo: 
- Imagínate que el estúpido de Pedrito me humilló frente a mis amigos. ¡No acepto eso!

15 de diciembre de 2010

Dos ranas.

Este cuento se explica a los niños de la India para enseñarles el poder de las buenas palabras en la amistad.


La historia explica que un grupo de ranas caminaban por el bosque cuando dos ranas cayeron en un pozo muy profundo. Inmediatamente todas las demás ranas pensaron que no podrían salir de allí y no paraban de gritar:

- ¡No podéis salir! ¡No saltéis! Vais a morir...

Las dos ranitas atrapadas no hicieron caso de sus palabras y saltaron con todas sus fuerzas. Sin embargo, una de ellas pronto se desanimó por los gritos de sus compañeros. Dejó de saltar y murió. La otra rana continuó saltando sin parar, a pesar de los gritos de las otras ranas:

- ¡No podéis salir! ¡No saltéis! Vais a morir...

Gracias a que continuó saltando consiguió salir de ese pozo tan hondo y se salvó. Cuando salió del pozo, las otras ranas no se lo podían creer:

-¡Te has salvado! Es un milagro! ¿Pero no oías nuestros gritos de desánimo?

La ranita se consiguió salvar porque era sorda, y se pensaba que los gritos eran de ánimos. La otra ranita, en cambio, oía los gritos y se desanimó tan rápido que murió.

Esta historia nos explica el poder de las palabras bondadosas. Una palabra bonita cuando un amigo está triste le puede ayudar mucho, y una palabra de desánimo le puede hacer sentirse aún peor. 

8 de diciembre de 2010

Los dientes del Sultán.

En un país muy lejano, al oriente del gran desierto vivía un viejo Sultán, dueño de una inmensa fortuna.
    

El Sultán era un hombre muy temperamental además de supersticioso. Una noche soñó que había perdido todos los dientes. Inmediatamente después de despertar, mandó llamar a uno de los sabios de su corte para pedirle urgentemente que interpretase su sueño.

- ¡Qué desgracia mi Señor! - exclamó el Sabio - Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad.         
- ¡Qué insolencia! - gritó el Sultán enfurecido - ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí!

Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos, por ser un pájaro de mal agüero. Más tarde, ordenó que le trajesen a otro Sabio y le contó lo que había soñado. Este, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo:

- ¡Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que vuestra merced tendrá una larga vida y sobrevivirá a todos sus parientes.         
Se iluminó el semblante del Sultán con una gran sonrisa y ordenó que le dieran cien monedas de oro. Cuando éste salía del Palacio, uno de los consejeros reales le dijo admirado:

- ¡No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños del Sultán es la misma que la del primer Sabio. No entiendo por qué al primero le castigó con cien azotes, mientras que a vos os premia con cien monedas de oro.

- Recuerda bien amigo mío - respondió el segundo Sabio - que todo depende de la forma en que se dicen las cosas... La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la enchapamos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura, ciertamente será aceptada con agrado...

- No olvides mi querido amigo - continuó el sabio - que puedes comunicar una misma verdad de dos formas: la pesimista que sólo recalcará el lado negativo de esa verdad; o la optimista, que sabrá encontrarle siempre el lado positivo a la misma verdad".

Dice el libro de los Proverbios: "Las palabras del hombre son aguas profundas, río que corre, pozo de sabiduría... Con sus labios, el necio se mete en líos; con sus palabras precipitadas se busca buenos azotes... Cada uno comerá hasta el cansancio del fruto de sus palabras.

La vida y la muerte dependen de la lengua; los que hablan mucho sufrirán las consecuencias". Prov 18,4.20-21.- Uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender a comunicarse.

"Las Mil y una noches" (literatura popular árabe)