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11 de abril de 2011

Ni tu ni yo somos los mismos.


Entre sus primos, se encontraba el perverso Devadatta, siempre celoso del maestro y empeñado en desacreditarlo e incluso dispuesto a matarlo.
Cierto día que el Buda estaba paseando tranquilamente, Devadatta, a su paso, le arrojó una pesada roca desde la cima de una colina, con la intención de acabar con su vida. Sin embargo, la roca sólo cayó al lado del Buda y Devadatta no pudo conseguir su objetivo. El Buda se dio cuenta de lo sucedido y permaneció impasible, sin perder la sonrisa de los labios.
Días después, el Buda se cruzó con su primo y lo saludó afectuosamente. Muy sorprendido, Devadatta preguntó: 
-¿No estás enfadado, señor? 
-No, claro que no.

Sin salir de su asombro, inquirió: 
-¿Por qué? 
Y el Buda dijo: 
-Porque ni tú eres ya el que arrojó la roca, ni yo soy ya el que estaba allí cuando fue arrojada.             
            
El Maestro dice: 
Para el que sabe ver, todo es transitorio; para el que sabe amar, todo es perdonable.

25 de marzo de 2011

La riqueza más grande del mundo.

La historia se refiere a un individuo que se mudo de aldea, en la India, y se encontró con lo que allí llaman un maestro.
Este es un mendicante errante, una persona que, tras haber alcanzado la iluminación,
comprende que el mundo entero es su hogar, el cielo su techo y Dios su Padre, que cuidara de el. Entonces se traslada de un lugar al otro. Tal como tu y yo nos trasladaríamos de una habitación a otra de nuestro hogar.
Al encontrarse con el maestro, el aldeano dijo: "¡No lo puedo creer! Anoche soñé con usted. Soñé que el Señor me decía: -Mañana por la mañana abandonaras la aldea, hacia las once, y te encontraras con este maestro errante - y aquí me encontré con usted."
"Que mas le dijo el Señor?" Pregunto el maestro. Me dijo: "Si el hombre te da una piedra preciosa que posee, serás el hombre más rico del mundo... ¿Me daría usted la piedra?"

5 de marzo de 2011

La carga.

El maestro narró a sus discípulos el siguiente relato:
- Un hombre que iba por el camino tropezó con una gran piedra. La recogió y la llevó consigo. Poco después tropezó con otra, igualmente la cargó. Todas las piedras con que iba tropezando las cargaba, hasta que aquel peso se volvió tan grande que el hombre ya no pudo caminar.

¿Qué piensan ustedes de ese hombre? -Preguntó el maestro

- Que es un necio -respondió uno de los discípulos- ¿Para qué cargaba las piedras con que tropezaba?


Dijo el maestro: - Eso es lo que hacen aquellos que cargan las ofensas que otros les han hecho, los agravios sufridos, y aun la amargura de las propias equivocaciones. Todo eso lo debemos dejar atrás, y no cargar las pesadas piedras del rencor contra los demás o contra nosotros mismos.

Si hacemos a un lado esa inútil carga, si no la llevamos con nosotros, nuestro camino será más ligero y nuestro paso más seguro.
Así dijo el Maestro, y los discípulos se hicieron el propósito de no cargar nunca el peso del odio o del resentimiento.